Tomar con la mano un puñado de tierra,
mientras los fragmentos danzan entre los dedos,
y el sol calienta la espalda.
Dejar que la hierba se doble bajo los pies,
y que el frío y el verde desaparezcan tras unos segundos,
para quedarse ahí quieto.
Mirar hacia arriba y seguir así hasta quedarse ciego,
pero seguir viendo a pesar de eso,
porque el destello dura algunos segundos.
Sentir el frío recorrer la nuca,
estremecerse apenas,
y sonreír.
Dejar que pase el tiempo,
porque de todas formas va a pasar,
pero no pretender que vaya a algún lado.
Lo que hace atractiva a una historia no es lo que se cuenta, sino como se cuenta...
17 jun 2014
3 jun 2014
Vértigo
Subir unos setenta metros por encima de la tierra en la cual tiene los pies, o los tenía hasta no hace demasiado tiempo. Ahora el mundo cobra dimensiones distintas, la ciudad brillante se extiende en las cuatro direcciones, los edificios recortan un paisaje irregular en el horizonte mientras él asoma los ojos por el borde de la cornisa y mira desafiando abajo mientas piensa en lo largo de la caída.
Todo al rededor está manchado de luces y superficies iluminadas que opacan el cielo, que contrastan con lo apacible de los destellos que marcan el lugar donde es probable que hace varios miles de años existiesen estrellas de las cuales él percibe solo un recuerdo gastado titilando allí arriba.
Suelen ser casi tantos como el quiere los encuentros con ese cielo, con ese paisaje tan cotidiano que le regalan las maravillas de la ciencia y la técnica a los hombres que viven aun sobre la tierra, lo extraño es que a pesar de que el paisaje es siempre le mismo en apariencia cada nueva escalada hasta las alturas le regala recovecos de luces y sombras siempre maravillosos, siempre imperceptibles a un primer vistazo.
El cielo le envuelve la humanidad, cubre el mundo entero y ahí se nota mucho más, mientras abajo en la tierra los ruidosos aparatos a motor recorren interminables sendas de asfalto impersonal vaya a saber uno desde donde y hasta donde. Lo extraordinario es que eso importa menos que estando setenta metro mas cerca del suelo y a la vez es inevitable no perseguir con los ojos a los autos que pegados a las calles avanzan hasta perderse.
Casi tan inevitable como la necesidad de asomarse al vacío desde la altura y pensar en lo largo de la caída
15 may 2014
Perderse
Abre la puerta,
Cierra la puerta,
El corazón le late fuerte,
Guarda la plata en el canguro del buzo.
Se olvida por un segundo de lo que estaba haciendo,
Lo recuerda,
Abre el portón,
Vuelve sobre sus pasos.
Abre la puerta del auto,
Se tira adentro,
Cierra la puerta,
Baja los vidrios.
Enciende el motor,
Pone marcha atrás,
Retrocede con el auto hasta salir de la casa,
Pone primera y se va.
Hace unos metros,
Recuerda los cambios,
Pone segunda y sigue,
Dobla en la esquina a la derecha.
Acelera el auto,
Saluda al tipo que pasa cerca,
Pone tercera,
Sigue derecho por la calle entre los arboles.
Siente el aire en su cara,
ve las rejas cada vez mas cerca,
Frena el auto,
Apaga el motor.
Abre la puerta,
Se baja del auto,
Cierra la puerta,
Camina hacia la reja.
Abre la reja,
Entrega las llaves y la billetera,
Sonríe,
Sostiene la puerta mientras el auto se va.
Cierra la reja,
Se da vueltas y camina,
Mira los árboles al rededor,
Sonríe otra vez.
Camina,
Camina,
Camina...
Cierra la puerta,
El corazón le late fuerte,
Guarda la plata en el canguro del buzo.
Se olvida por un segundo de lo que estaba haciendo,
Lo recuerda,
Abre el portón,
Vuelve sobre sus pasos.
Abre la puerta del auto,
Se tira adentro,
Cierra la puerta,
Baja los vidrios.
Enciende el motor,
Pone marcha atrás,
Retrocede con el auto hasta salir de la casa,
Pone primera y se va.
Hace unos metros,
Recuerda los cambios,
Pone segunda y sigue,
Dobla en la esquina a la derecha.
Acelera el auto,
Saluda al tipo que pasa cerca,
Pone tercera,
Sigue derecho por la calle entre los arboles.
Siente el aire en su cara,
ve las rejas cada vez mas cerca,
Frena el auto,
Apaga el motor.
Abre la puerta,
Se baja del auto,
Cierra la puerta,
Camina hacia la reja.
Abre la reja,
Entrega las llaves y la billetera,
Sonríe,
Sostiene la puerta mientras el auto se va.
Cierra la reja,
Se da vueltas y camina,
Mira los árboles al rededor,
Sonríe otra vez.
Camina,
Camina,
Camina...
27 abr 2014
Pasa
Son esas horas de la noche en las cuales el alma siente la necesidad de emprender un viaje por fuera del cuerpo, de la materialidad de lo concreto y emprender un trayecto lejos, sin saber bien donde.
Hay estrellas, sopla una casi imperceptible brisa que enfría el mundo en ese particular rincón del globo.
De alguna manera se las arregló para salir del torbellino de cosas prescindibles que le rodeaba y escapar hacia ese afuera que tenía a solo unos metros.
Y en ese momento comprendió que lo mejor que podía hacer era emprender ese viaje que quería .
Estaba descalzo cuando sintió el frío cemento bajo sus pies, pero eso no importaba, caminó algunos metros mientras sostenía la sonrisa mas grande que conocía y tomó la bicicleta con sus manos.
Aquel viaje no alcanzó a durar mas que algunos minutos y sin embargo se sentía completamente libre y contento.
Y al bajar el mundo seguía siendo el mismo, pero el quizás no.
Hay estrellas, sopla una casi imperceptible brisa que enfría el mundo en ese particular rincón del globo.
De alguna manera se las arregló para salir del torbellino de cosas prescindibles que le rodeaba y escapar hacia ese afuera que tenía a solo unos metros.
Y en ese momento comprendió que lo mejor que podía hacer era emprender ese viaje que quería .
Estaba descalzo cuando sintió el frío cemento bajo sus pies, pero eso no importaba, caminó algunos metros mientras sostenía la sonrisa mas grande que conocía y tomó la bicicleta con sus manos.
Aquel viaje no alcanzó a durar mas que algunos minutos y sin embargo se sentía completamente libre y contento.
Y al bajar el mundo seguía siendo el mismo, pero el quizás no.
19 abr 2014
Sustancia
Abrigado hasta la nariz decidió salir a la calle porque después de todo, tampoco era tan grave que afuera hiciese mucho frío.
Ganó la vereda en algunos pasos y se fue a perder por la ciudad en la tarde de entre semana, seguro que todos los demás humanos del mundo hacían cosas mucho mas entretenidas que el, pero no le importaba.
Tener la sensación de no encajar del todo en la sociedad le obligaba a salir e irse de casa, porque sino se ahogaba en la reiteración de encontrarse consigo mismo en todos los rincones.
Mucho frío, eso había pensado antes de salir transformado en muchas capas de ropa sobre un hombre, pero ahora que el movimiento le recordaba que tenía músculos en el cuerpo comenzaba a notar que tal vez había exagerado un tanto.
Ya con el abrigo sobre el hombro encendió un cigarrillo mientras procuraba cruzar la calle sin que algún auto lo mate y comenzó a buscar lugar para sentarse y pensar un poco. Lo necesitaba, le hacía falta encontrarse solo en el mundo, lejos de las cosas cotidianas para tomar una decisión de una vez por todas, o no tomarla.
La tierra vista desde fuera es un circulo azul, pero desde donde estaba él ahora no era mas que una sucesión de objetos y personas indistintas. El banco en donde estaba no resultaba tan cómodo, pero aun mas incomodo iba a ser buscar otro lugar en donde sentarse, por ese motivo y como tantas otras veces en su vida decidió quedarse con la leve incomodidad que sentía que tomarse el trabajo de buscar un lugar donde se sintiese mejor. No era una costumbre muy frecuente esa, pero de todas formas era algo que de vez en cuando hacía, prefería resignarse en algunos momentos al mal trago y luego ver como se las arreglaba para hacer las cosas un tanto mejor la próxima.
Removiendo su cuerpo un puñado de veces se encontró perdido en divagaciones que no tenían en absoluto que ver con el banco en donde se movía ahora mismo sino con el lugar que estaba ocupando en el mundo, con como se sentía con ese lugar y que cosas quisiera cambiar del mismo. En resumen, pensaba en absolutamente nada. Después de todo, ninguna resolución que tomase sentado en ese banco de plaza iba a convertirse en la premisa que ordenara su vida de ahí en adelante, en primer lugar porque descreía de las revelaciones espontaneas y ademas un banco de plaza le resultaba un lugar muy común como para tener una idea que cambiara su realidad, procuraba no caer siempre en los lugares comunes.
La verdad era que solo había salido de casa para poder fumar tranquilo sin tener que esconderse en algún rincón del patio, todo lo demás eran intentos por llenar de contenido esos actos cotidianos que de contarlos sonarían grises y aburridos.
Y si existía algo que el quería evitar a toda costa era el parecer gris y aburrido.
13 mar 2014
#FF3030
Les pesaba el rojo, no los representaba en lo absoluto. Les recordaba todo el tiempo esa lucha que se desarrollaba en sus propias narices.
De algún modo estoy seguro de que lo empezaron a entender el primer día que no encontraron la docilidad de siempre, ese día estoy convencido de que el rojo les empezó a picar en los ojos.
Ahora su significación histórica se hacía presente y se volvía una molestia cotidiana. Casi tanto como la voz de los que nunca se habían podido hacer oír y ahora gritaban.
Reclamaban derechos derechos que les habían robado y que tuvieron que devolverles. Indigna pensar a veces que eso es cotidiano.
Había que sin dudas hacer algo con aquello que rompía la impunidad conseguida con tanto esfuerzo. Se tuvieron que ir esos que hacían ruido y volvían el rojo insoportable de mirar. Porque ahora si que significaba algo. Algo que los alarmaba porque sabían y saben mejor que nadie lo peligrosa que es la conciencia de esos, porque se contagia
Se notaba que les pesaba el rojo porque representa la lucha de los trabajadores por liberarse de la opresión, y eso, eso los asusta muchísimo
6 mar 2014
Ya no me gusta el azúl
Eran las cinco de la mañana, no hacía tanto frío y sin embargo iba a hacer.
Un auto, algunas cuadras y un portazo después el frío se sentía bastante más. Nunca deja de sorprenderme a pesar de que se vuelve cotidianidad la constancia de todos los que estaban ahí, en realidad no la de todos.
Ver las mismas caras de siempre, el cansancio de un puñado de días que por la intensidad que se viven y se sienten se transforman en meses enteros cada uno por separado, las mismas caras que a pesar de eso procuran sacudirse ese cansancio que se acumula y pesa sobre la espalda para que cuando haya que aguantar no se note ni un poquito.
Pasan varios minutos y varias cosas, ya hay fuego quemando lo que le caiga encima y adelante de eso voces, voces que ya cantan fuerte. Cruzando la calle también aparecen luces, pero estas son azules y artificiales, se prenden y se apagan mas molestas que nunca, abajo de esas luces las mismas caras de siempre también pero que llegan ahí por un motivo bastante distinto.
Hay tensión y es imposible desentenderse de eso, los policías que están enfrente caminan en círculos y se frenan mientras hablan entre ellos y miran de reojo este otro lado de la calle y de la vida, porque no es gratis elegir calzarse un palo y un escudo y esperar que te avisen cuando tenes que pegar sin hacer preguntas porque ese es tu trabajo. Un trabajo que parece volverlos mas salvajes y se les nota en las miradas, en los gestos, sobre todo de los que empuñan las armas y los escudos esos tipos se relamen esperando para moler a palos a los que están enfrente.
Del otro lado las cosas son mas improvisadas de a poco se siente el avance de aquellos desde antes que crucen la calle y contra eso la respuesta es cantar y quedar juntos, lo mas que se pueda formando una linea y otra atrás para que cuando se vengan no nos pasen por arriba. Porque cruzar van a cruzar la calle, total los separan cinco o seis metros y se mueren de ganas por cruzarlos. Los jefes van y vienen ordenando todo, de este lado nadie ordena porque cada uno sabe que lo importante es no darles motivos para que peguen como quieren pegar, se susurran palabras de aliento y hay sonrisas nerviosas.
Ahora nos separan escasos centímetros y les puedo ver las caras, sobre todo los ojos. Nunca vi una violencia tan silenciosa y tan evidente, las caras de piedra pero los ojos brillando terribles.
Deciden avanzar y nos toca resistir, somos más pero ellos tienen las armas y las ganas de usarlas, saben que no pueden llovernos a palos como lo quieren hacer así que se limitan a lanzar cobardes golpes desde atrás de los escudos que buscan y a veces encuentran a las mujeres que valientes resisten y no les regalan ni un metro a mientras ellos arremeten. Esa forma de actuar de ellos, su evidente satisfacción cuando los dejan ser violentos y saben que pueden pegar si quieren revuelve las tripas y te da fuerzas para aguantar y hasta para empujarlos y hacerlos retroceder, aun sabiendo que es probable que te lluevan los golpes y seguro de que en un rato va a doler mas que cuando piquen, aun sabiendo que si esos tipos, esos perros te llegan a tener entre sus dientes seguro que la pasas mal, es necesario que aguantes porque no se trata en ese momento ya de un reclamo particular, de acompañar o no una lucha se trata de dos maneras de entender la vida que están completamente opuestas. Y yo no quiero nunca estar de ese lado de la vida.
Ellos vuelve a arremeter pero esta vez algo se despierta en los que hasta ese momento eran espectadores y miraban desde afuera, no se si fueron quince o mil los tipos que corrieron, de lo que estoy seguro es que en el instante en el cual empezaron a correr y se pusieron frente a la yuta para que no lluevan los palos esos tipos se transformaron en las personas mas humanas que conocí en mi vida porque conquistaron el miedo. La policía retrocedió sabiendo que ya van a tener otras oportunidades de enfrentarse y si no es acá va a ser en otro lado con otra gente, pero eso no les va a importar mientras puedan usar sus palos.
Fue una escaramuza y aguantamos, es imposible no sonreír al verlos irse aunque por dentro la certeza de que esta victoria vale menos de lo que parece y sin embargo vale está.
Ya son como las nueve y el frío es un recuerdo, el fuego ya es cenizas y casi nadie se enteró de todo esto.
Sin embargo nosotros tenemos algo más, la convicción de que existe otra manera de vivir y no solamente este sistema de mierda.
Atrás del ralato está la lucha de los Obreros, http://trabajadoresdeliliana.wordpress.com/
23 feb 2014
Des
Esperar un beso, aunque quizás nunca llegue.
Porque es posible que exista un desencuentro.
Esperar a pesar de eso.
Porque de alguna forma tiene sentido.
Esperar un beso, sabiendo que puede no pasar.
O tal vez sea que nunca esperaste realmente.
Diez Cosas
Piso descalzo porque lo elijo, porque prefiero clavarme las espinas.
Descalzo ando porque la gente no me gusta tanto, porque debería molestarme menos.
Tengo los pies siempre fríos porque el mundo es frío, porque el calor pasa en el suelo siempre después de algún tiempo y lo que queda es el frío.
Ando descalzo porque es mas fácil, porque me gusta el césped entre los dedos.
Piso descalzo, recuerdo que no estoy solo y corro a buscar mis zapatos otra vez.
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