Lo que hace atractiva a una historia no es lo que se cuenta, sino como se cuenta...

31 mar. 2015

Algo para decir

Me resulta cómico escuchar a esa gente que se queja de la ideología en la política, es decir que se queja de la ideología en la vida, porque siempre esgrimen el argumento de que aquellos que hablan desde una postura determinada están abordando el problema desde una perspectiva especifica. O sea que para esa gente repetir una obviedad es desarticular al interlocutor, porque todos sabemos que se habla desde un lugar, o al menos deberíamos saberlo. Lo gracioso de la cosa está en que SIEMPRE y repito SIEMPRE se esta hablando desde un lugar, lo que pasa es que la gente tiene la estúpida lógica de pensar que es posible hablar sobre un tema sin sentar posiciones al respecto, es la universalización de la falacia del periodismo independiente. La pregunta a eso sería ¿independiente de qué? De la ideología del dueño del medio para el cual laburas no, del partido para el cual escribís tampoco, de la multinacional para la cual argumentas menos, de la iglesia cuya fe profesas lamento decirte que no. Cada vez que una persona opina sobre algún tema lo hace desde un lugar ideológico, muchas veces ignorándolo completamente. Eso es lo peligroso.
En los 90’ presenciamos el desprestigio absoluto al discurso ideológico, con dólares baratos y televisión basura masiva, con un gobierno que jamás habló de nada relevante y que cuando enunciaba algo solamente decía estupideces, y muchas veces las hacía. Con las voces disidentes silenciadas bajo cataratas de publicidades que nos querían convencer a toda costa de que lo importante en la vida era pasarla bien mientras se pudiera. Todo se volvía flexible bajo la máscara plástica de una posmodernidad repleta de basura de mala calidad a precios de oferta sosteniendo una vida de cartón a costa de millones de personas en la miseria más absoluta. Pero no estábamos influenciados por la malvada ideología, que imbecilidad.
En los últimos 10 años presenciamos el fenómeno político del Kirchnerismo que tomó la cuestión de la discusión que se generó luego del estallido político que significo el nefasto gobierno de la alianza y empezó a hablar desde un lugar que no se desentendía de lo ideológico, lo condimento con premisas progresista, recogió ciertos reclamos sociales y se apropió de esas conquistas como si desde el 2003 para acá solamente hubiese existido una fuerza política que luchase por los derechos de los postergados. Somos parte de una época que se construye en torno a discursos de tinte progresista que se embarcan en el relato épico de una historia que no tiene orígenes más que el pasado cercano, que se desentiende de las historias particulares de quienes forman parte de la heroica pelea contra los “poderes cocentrados” pintando al kirchnerismo como un partido político compuesto por abnegados defensores de la causas de lo Nacional y Popular, eso sí, sin definir hasta el final que es lo Nacional, que es lo Popular. Porque si nos detenemos en los detalles del relato, está todo mal contado, es todo bastante falso.
Asistimos a la reformulación de la hipocresía en clave progresista. Entonces hablamos de derechos de las mujeres que se mueren todos los días por abortos y violencia de género. Entonces le gritamos fachos a los periodistas derechosos que pueblan los medios inventando estupideces sobre las drogas, posamos de progres un rato con un porro en la mano pero bancamos al gobierno que hace negocios con los narcos y les recibe plata para sus campañas, mientras los perejiles siguen cayendo en cana por tener 2 gramos de marihuana en los bolsillos. O cuando puteamos a los curas pedófilos y nos escandalizamos con eso pero lo bancamos a Bergoglio porque es un Papa peronista y del pueblo, aunque siga siendo el Papa de la misma iglesia que fue cómplice de la dictadura. O te quejas de la oligarquía nacional mientras tus dirigentes políticos, esos fieros guerreros de Nestor y Cristina se vuelven empresarios millonarios, pero los laburantes la siguen pasando mal. Porque estar mejor que antes no significa estar bien.

Hoy tenemos ideología, la están por empezar a vender en los supermercados. Ya la tenemos empaquetadita, con un manual de instrucciones y todo. Hasta nos van a vender ideología libre de ideología para que hasta el más inconformista pueda comprarla. Porque en algún punto era estúpido seguir sosteniendo que la ideología está demodé, que las antinomias ya fueron y que lo que queda es hacer y pensar en el presente. Ojo que todo se transforma y vuelve como mercancía y a lo mejor mañana la ideología de pensar que no hay ideología vuelve a estar de moda, como las barbas ahora.  El chiste en todo esto está en darse cuenta que cuando hablamos estamos hablando desde un lugar, para poder elegir al menos desde que lugar se está hablando y ser un poquito menos hipócrita. Eso si, elegir no nos exime de la responsabilidad que implicar sostener esa posición, porque si bancas a un genocida, por más pañuelo blanco que haya al lado, estás bancando a un genocida


8 mar. 2015

(des)Igualdad

La certeza de saber, que la diferencia es tal
que sería criminal desentenderse
Sombras amparadas en la sombra, con brillantes agujas en sus dedos, cientos de dígitos en sus cuentas bancarias, miles de muertes en su espalda.
El conjuro desde el altar, la letanía que se repite desde los púlpitos hipócritas del amor al prójimo, que siempre es otro pero nunca es otra.
La ideología que imprime conciencias que mueven manos que cortan, que queman, que matan impunes.
Llamas de un fuego que ardía cien años atrás, que recuerdan las hogueras donde miles murieron, como esas 129, como millones en la historia.
El mundo se organiza, se separa en partes, nos separa en pedazos.
Sangre que escurre.
Voces que se levantan en la oscuridad de la oscuridad, desde las cenizas de las cenizas, de civilizaciones arrasadas por el tiempo. 
Pero algo quedó en los cimientos, algo que falta derrumbar.
Es por eso que el grito insiste
Por los fuegos que quemaron los úteros sanos de las brujas
Por las salas tapizadas de la angustia de las histéricas
Por los vientres que quieren quedar vacíos
Por los cuerpos que no corresponden
Por los amores que no son "normales"
Por el estúpido privilegio de nacer "nene"
Por la estúpida desventaja de nacer "nena".