Lo que hace atractiva a una historia no es lo que se cuenta, sino como se cuenta...

10 jul. 2014

L - E - A - R

Otra vez la ruta, el fuego, los cantos. 
Cuerpos corriendo de un lado a otro levantando banderas, las voces, las manos, los ojos.
Otra vez la madrugada, las quejas, los autos.
El pasto marcado de huellas, de hollín, de escarcha.

En las rutas, las autopistas, los puentes.
Los cantos que se levantan sobre el frío, los autos, las caras.
Repetimos la escena en Buenos Aires, Córdoba, Tucumán, Mendoza, Jujuy, Rosario.
Allá y acá somos algunos, pocos, muchos.

Siempre llegan los perros que miran, y pegan, y escupen, y sonríen porque están haciendo un buen trabajo.
Acá se quedan quietos, allá no.
Son muchos y todos juntos, se organizan, se relamen, se desatan y golpean.
Después de todo es su trabajo, ser mansos con los jefes y rudos con nosotros, con ellas, con ellos.

Duelen pero se aguantan, los palos, los gases, los chorros de agua.
Seguro que van a quedar marcas, cicatrices, moretones, huesos rotos.
Pero van a irse, en cambio lo que queda son las fuerzas, las ganas, las certezas de que ellos pegan porque los que mandan tienen miedo de que mañana seamos más.

No nos divierte el dolor, ni el frío, ni los golpes.
Nos trae la injusticia, la opresión, la desigualdad.
Por eso cantamos, marchamos, cortamos, luchamos.
Queremos enfrentar a los miserables, los dueños, los opresores.
Para que el mundo sea de todos, no de algunos, de pocos.

Somos estudiantes, obreros, despedidos, olvidados.
Marchamos para que nos escuchen, nos vean, nos sientan.
Luchamos para cambiar las fábricas, las escuelas, los barrios, el mundo.








No hay comentarios: