Lo que hace atractiva a una historia no es lo que se cuenta, sino como se cuenta...

14 dic. 2012

Grum


El sentirse completamente húmedo le fascinaba, era una sensación extraña, que no era común en esos días en los que todos vivían refugiados en casas hermeticas.
Dobló el la segunda esquina y se interno en la callejuela mientras el agua caía uniforme sobre el y sobre el mundo. Era de madrugada y nada invitaba a salir fuera, mientras más lejos de esa humedad densa, pesada, tan extraña mejor.
Sonreía ahora que su ropa no era distinguible de su piel, estaba tan mojado que el mismo llovía y eso lo hacía feliz. No recordaba cuanto hacia que caminaba, no recordaba cuanto hacia que estaba así de mojado, sólo sabía que estaba en paz, que todo estaba en su lugar.
Las gotas pesadas, densas, seguían volando sobre el mundo para estrellarse y morir. El continuó caminando algunos minutos, y, de repente en la esquina siguiente una silueta caminando hacia el. Faltaban cincuenta metros, cuarenta, veinte ahora y se dio cuenta de que era una mujer la que caminaba en dirección opuesta a la suya.
Se detuvo y sonrió...


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